Hay que ver lo que se le pasa por la cabeza a uno...
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Miércoles, 24 de agosto de 2005

Hé aquí la primera historia de "Zensaciones". En adelante no haré muchas presentaciones, aparte de las ocasionales dedicatorias que puedan acompañarlas. Que la disfruten.
La esposa de un hombre enfermó gravemente, y en el lecho de muerte, le dijo a su marido: "Oh, dios mío, te quiero tanto!. No quiero abandonarte, y no quiero que me traiciones. Prométeme que, tras mi muerte, no amarás a otra mujer, o volveré para atormentarte."
Durante varios meses su viudo evitó a otras mujeres. Pero pasó el tiempo, y el hombre se enamoró de otra mujer. Una noche, cuando ya estaban prometidos, el fantasma de su mujer se le apareció. Empezó a maldecirlo por haber roto su promesa, y desde ese día, se le aparecía todas las noches para atormentarlo. Le contaba con detalle todo lo que había pasado entre su prometida y él durante el día, hasta el punto de repetir palabra por palabra sus diálogos. Lo atormentaba tanto que era incapaz de pegar ojo.
Desesperado por esta situación, acudió a visitar a un monje Zen que vivía cerca de su aldea. "Es un fantasma muy listo", dijo el maestro tras oir la historia del hombre. "Lo es", le contestó el atormentado prometido. "Recuerda cada detalle de lo que me ha pasado, ¡lo sabe todo!". "Debes admirar a semejante fantasma", le contestó el maestro. "Te diré lo que debes hacer la próxima vez que lo veas".
Esa noche el fantasma volvió. El hombre actuó tal y como el maestro le había dicho: "Eres un fantasma muy inteligente", dijo el hombre, "no tengo secretos para ti. Te propongo una cosa: si eres capaz de responder a una pregunta que te voy a hacer, prometo anular mi enlace y permanecer soltero para siempre." "Haz tu pregunta", respondió el fantasma. El hombre cogió de un saco que tenía en el suelo un puñado de guisantes, y, mostrándole el puño al fantasma, preguntó: "¿cuantos guisantes tengo en mi mano?."
El fantasma desapareció al momento y nunca jamás volvió a verlo.
- Dedicada a mi anónima amiga. Espero que te sea de ayuda en estos momentos.
Desvarías,Suso | Zensaciones | Comentarios (5) | Referencias (0)
Quizás pienses que soy de mente muy... "dispersa", pero la verdad es que este pequeño relato me ha dado bastante que pensar, así que tengo que darte las gracias porque, entre otras cosas, me va a mantener ocupada dándole al coco.
Nunca había oído hablar del Iaido (y de hecho me había tomado a broma lo de que estabas inmerso en el "rollo" Zen), pero la verdad es que suena interesante. Como suele decirse... nunca te acostarás sin saber una cosa más (Oye y si te lleva al camino de la armonía interna, el autoconocimiento y todo eso, avise usté, señor Sensei, que me apunto ;)).
Anónima | 25-08-2005 15:14:43
El valor de las cosas
Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una pausa agregó Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E...encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-58 monedas??!-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
Biquiños neno.
Amuá
Susana | 25-08-2005 20:52:41
la Anónima | 27-08-2005 01:24:22
Susana | 29-08-2005 20:51:35
Me he parado a pensar, y para una frase que pongo voy y no sé si se dice "me alegro de que te haya gustado" ó "me alegro que te haya gustado", qué incultezatodajuntaenunamismapersona, en fin.
Más biquiños.
Amuá.
Susana | 29-08-2005 20:56:52